La sala quedó en un silencio solemne cuando el abogado aclaró la voz y comenzó con la lectura formal del testamento, cada palabra era pronunciada con precisión, con ese tono neutro que intentaba mantener la imparcialidad, aunque el ambiente estaba lejos de ser neutral, Renata permanecía sentada, con la espalda recta, las manos entrelazadas sobre su regazo, su mirada fija al frente, como si ya conociera cada línea que estaba a punto de ser leída.
Sebastian, a su lado, no compartía esa calma.
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