El interior del vehículo se mantenía en un silencio denso, no incómodo, pero sí cargado de pensamientos que ninguno terminaba de expresar por completo, la ciudad avanzaba al otro lado de la ventana como un escenario en movimiento mientras Renata mantenía la mirada fija en el exterior, intentando ordenar todo lo que acababa de suceder, pero la voz de Sebastian rompió aquella quietud con una precisión casi calculada.
—¿Cómo murió tu padre?
La pregunta de Sebastian llegó sin aviso.
Directa.
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