El silencio que había dominado la sala apenas unos segundos antes desapareció de golpe.
Porque Antonio Vegetti finalmente movió una pieza.
Y cuando Antonio movía una pieza, nunca era pequeña.
Desde su asiento, observó con expresión impasible a Claudia, que permanecía de pie frente al tribunal.
La tensión era evidente.
Los periodistas escribían sin descanso.
Las cámaras registraban cada movimiento.
Los presentes apenas respiraban.
Y entonces uno de los abogados sentados junto a Antonio se puso d