El trayecto de regreso a la Mansión Vegetti transcurrió en un silencio que no era incómodo, pero tampoco ligero, era un silencio cargado de pensamientos, de miradas ocasionales que no llegaban a sostenerse demasiado tiempo, de palabras no dichas que parecían acumularse entre ambos como una tormenta que aún no terminaba de desatarse, Renata observaba por la ventana mientras las luces del atardecer se deslizaban sobre el cristal, su reflejo le devolvía la imagen de una mujer distinta, una que ya