El aire dentro de la habitación parecía haberse transformado en algo más denso, más cálido, más difícil de respirar, como si cada rincón guardara el eco de lo que estaba ocurriendo entre ellos, como si las paredes fueran testigos silenciosos de una tensión que ya no podía seguir siendo ignorada ni contenida, y fue en ese instante, cuando Renata, con la respiración temblorosa y los labios entreabiertos, lo miró directamente a los ojos, que algo terminó de romperse dentro de ella.
—Quiero estar