La noche había avanzado sin que ninguno de los dos lo notara realmente, como si el tiempo hubiera decidido moverse con una lentitud distinta solo para permitirles habitar ese momento sin interrupciones, y el restaurante quedaba atrás mientras el eco suave de la música elegante aún parecía envolverlos, Renata caminaba junto a Sebastian con una ligereza que no le pertenecía del todo, el vino había suavizado sus pensamientos, había desatado algo en ella, algo que normalmente mantenía bajo control,