La música vibraba en el ambiente con una intensidad casi hipnótica, los bajos marcando el ritmo de cada latido mientras las luces recorrían el espacio en destellos irregulares que parecían envolverlo todo en una atmósfera ajena a la realidad, y en medio de ese escenario, Renata permanecía frente a Sebastian, aún sostenida por la firmeza de su mano en su cintura, su respiración ligeramente agitada, sus ojos encontrándose con los de él en un silencio que decía demasiado.
El contacto entre ambos