La sala de audiencias estaba llena.
No era una multitud escandalosa, pero sí una presencia densa. Expectante. Como si todos los que estaban allí supieran que, aunque el caso había sido etiquetado como cerrado, algo en el ambiente no terminaba de encajar.
El nombre de Ricardo Alvear aún tenía peso.
Y el silencio que rodeaba su muerte… era demasiado perfecto.
Renata cruzó las puertas con paso firme.
No miró a los lados.
No necesitaba hacerlo.
Sentía las miradas.
Las percibía.
Como cuchil