CAPÍTULO 45
Bianca
Cuando las luces de Obsidiana se apagaron de golpe, el terror me succionó los pulmones con la fuerza de un huracán. El zumbido constante de las máquinas tragamonedas, el tintineo de las copas de cristal y la música ambiental murieron en una fracción de segundo, dejando a su paso un silencio sepulcral que fue inmediatamente reemplazado por el grito ahogado de cientos de personas sumidas en el pánico.
Antes de que pudiera siquiera emitir un sonido, antes de que mi cerebro proce