Capítulo 23
El crepúsculo había teñido los jardines del hotel de un resplandor carmesí, como si el cielo mismo presagiara el caos que estaba por desatarse. Enrique corría por el sendero de grava, su corazón latiendo al compás de sus pasos, cada uno impulsado por la urgencia de encontrar a Leonela. El anillo, aún guardado en su bolsillo, parecía quemarle la piel, un recordatorio de las promesas rotas y las verdades a medio decir. Frente al gran salón, donde se colocaban los últimos detalles de la boda de Cas