En la panadería por la mañana, Marina toma su café de costumbre, intentando disfrutar de un momento de tranquilidad antes de enfrentar otro día de trabajo. De repente, Sávio llega y la saluda con un beso cariñoso.
— Buenos días, amor — dice él, con tono apasionado.
— Buenos días — responde, esbozando una sonrisa discreta.
Sávio se sienta a su lado y la observa.
— Vine a buscarte para llevarte al trabajo — anuncia, como si fuera lo más obvio del mundo.
Ella lo mira en silencio por unos segundos.