Al llegar a casa, exhausta tras un largo día de trabajo, todo lo que Marina desea es un momento de paz, donde pueda desconectar la mente y descansar el cuerpo. Se apresura a darse una ducha relajante, permitiendo que el agua caliente lave el cansancio acumulado. Cuando está a punto de ponerse su pijama cómodo, un pensamiento invade su mente, dejándola tensa. Recuerda la promesa que le había hecho a Sávio: se verían esa noche.
— Maldición — murmura para sí misma, sintiendo un peso en el pecho.
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