Mientras está en la cocina, Víctor observa a Marina salir de allí para atender el teléfono. Ella solo tenía una misión: decirle a su padre que no podía hablar en ese momento porque estaba ocupada. Pero, por el contrario, se sienta en la terraza y comienza a conversar libremente, como si tuviera todo el tiempo del mundo.
Nervioso, Víctor camina hasta el fregadero de la cocina y se lava el rostro, intentando, en vano, aliviar lo que está sintiendo en ese instante. Se da cuenta de que Marina está