Al darse cuenta de lo que estuvo a punto de hacer con Víctor en aquel apartamento, Marina se levanta bruscamente del sofá y camina hacia el balcón, intentando encontrar en la brisa de la noche carioca algún alivio para la confusión de pensamientos que invaden su mente.
—Dios mío, no puedo creer que hice eso —murmura, llevando las manos a los labios aún calientes por el beso de Víctor Ferraz—. Mi primer beso… y fue con el hombre que intenta sacarme de quicio todos los días —susurra para sí, sint