Marina camina de un lado a otro, intentando procesar lo que acaba de suceder. El torbellino de emociones le impide quedarse quieta.
—¿Mamá, no vas a decir nada? —La voz de Amelie carga una mezcla de frustración y expectativa.
Percibiendo la inquietud de la hija, Marina se sienta en el sofá y le pide que haga lo mismo.
—Perdóname, mi amor —empieza la madre con un tono sereno. —Simplemente no esperaba esta sorpresa.
—Yo tampoco esperaba lo que pasó aquí —responde Amelie, aún confundida. —Pero, ¿p