Cuando Andressa escuchó a su hijo decir que estaba enamorado, su corazón se llenó de alegría. Prácticamente dio saltos de felicidad, pues siempre había idealizado la dicha de él por encima de cualquier conquista material. Daniel era su orgullo, y ella vivía para él y para su marido, quien nunca escatimó esfuerzos para cuidar de la familia.
Al saber que los padres de la novia querían conocerlos, Andressa sintió una oleada de emoción. Si se empeñaban tanto en ese encuentro, era porque se tomaban