Cuando Xavier llega a Brasil, está prácticamente irreconocible. Su rostro está hinchado, con marcas visibles que delatan la «conversación» severa que tuvo con los policías internacionales antes de ser extraditado. Cada hematoma y corte es un testimonio silencioso del nerviosismo y la desesperación que vivió en las últimas horas. Aun así, mantiene el semblante rígido, intentando ocultar el malestar físico y la humillación de estar en aquella situación.
Sin embargo, lo que más le molesta no son l