—Sáquenme de aquí, no estoy obligado a escuchar un montón de tonterías de una persona insignificante —dice Xavier, con voz de desdén, intentando enmascarar cualquier rastro de remordimiento. Su mirada es fría y calculadora, mientras intenta librarse de la energía que la mirada de Marina dejó en su conciencia.
Uno de los policías que lo acompaña se detiene y se vuelve hacia él, claramente irritado por su actitud.
—¿Insignificante? —repite el policía, con un tono seco y firme. —Insignificante es