Mientras programa una transacción millonaria a su cuenta en el extranjero, Xavier hace un movimiento repetitivo de abrir y cerrar las manos, un intento involuntario de aliviar la tensión que recorría su cuerpo. La sala a su alrededor está sumida en un silencio inquietante, interrumpido solo por el sonido rítmico de las teclas del ordenador. Sabía que aquel era el momento de actuar, la oportunidad perfecta que había esperado para deshacerse de Joana y de toda la farsa que se había convertido su