Cuando la luz de la mañana invade la habitación, un pequeño rayo de sol alcanza el rostro de Marina, despertándola suavemente. Al abrir los ojos, se encuentra con la mirada de Victor, que la observa fijamente con ternura y amor.
—¿Qué estás haciendo? —pregunta ella, pasándose la mano por el rostro, temiendo tener algo sucio.
—Estoy admirando tu belleza —confiesa él, con una sonrisa sincera.
—Para con eso —pide, avergonzada, mientras cubre el rostro con la sábana.
—Lo digo en serio, rubia. Eres