En cuanto Víctor desaparece de la vista, Joana, tomada por una rabia incontrolable, empuja la delicada taza de porcelana sobre la mesa, que se astilla en el suelo con un sonido ensordecedor. Acto seguido, se levanta bruscamente, arrojando la bandeja con el resto de la vajilla fina al suelo, donde los fragmentos se esparcen por el piso. El grito que escapa de sus labios está lleno de furia y desesperación.
— ¡Maldita! ¡Maldita! — vocifera, mientras camina de un lado a otro. — ¡Está intentando ro