Nada en ese momento puede describir las miradas sorprendidas de Xavier, Joana y Valentina. Observan a Marina como si fuera un fantasma que acabara de aparecer en la sala. El aire parece volverse denso, y el silencio que se instala es casi ensordecedor. Cada uno de ellos muestra una expresión única. Xavier exhibe una mezcla de incredulidad e indignación; Joana, con los ojos muy abiertos, mantiene el rostro impasible, aunque claramente intenta procesar la escena, y Valentina, apretando las manos