Acostada en el regazo de Leonel, que duerme profundamente, Andressa deja que su mirada recorra la pequeña habitación donde él descansa. El espacio es modesto, con paredes pintadas de blanco que muestran algunas marcas del tiempo. Un armario sencillo de madera ocupa una esquina, con una pila de libros desordenados en la parte superior. La cama, aunque pequeña, es cómoda, cubierta con sábanas de algodón en tonos neutros. Al lado, una mesita improvisada sirve de escritorio, con una lámpara y un va