Mientras el coche de aplicación recorre las calles iluminadas por la noche, Marina observa la ciudad pasar por la ventana, pero su mente está lejos de allí. Sus manos descansan sobre el regazo, inquietas, mientras sus dedos permanecen entrelazados en un gesto que no logra ocultar el nerviosismo que siente. Respira hondo varias veces, intentando calmar el corazón acelerado, no solo por las ganas de ver a Víctor, sino también por la conversación que tuvo con sus padres.
«¿Habré hecho bien en enfr