Mientras camina por la extensa casa, Víctor siente el silencio pesado a su alrededor, un vacío que resuena en las paredes y los amplios pasillos. Antes, siempre disfrutaba de su propia compañía; era un hombre acostumbrado a la soledad, con cierta comodidad e incluso orgullo. Pero ahora, ese mismo silencio que antaño le habría parecido acogedor se ha convertido en una presencia opresiva, casi cruel. La ausencia de Marina transforma cada rincón de la casa en un recordatorio estridente de que ella