El fin de semana que pasó en aquella casa con Víctor fue, sin duda, el mejor de la vida de Marina. Se sintió amada de un modo tan cariñoso e intenso que apenas podía creerlo.
— No puedo creer que tenga que despedirme de ti hoy —dice Víctor, observándola con la mirada levemente triste, mientras ella arregla sus cosas en la pequeña maleta de mano.
— Me voy solo porque es necesario —responde ella, lanzándole una sonrisa suave. — Pero prometo que haré lo posible para regresar el próximo fin de sema