En la cocina, Daniela mantiene una expresión severa mientras lanza miradas reprobatorias a su marido.
— No te pongas así, mujer, hice lo que era correcto — dice José, levantándose para lavar los platos.
— ¿Correcto? — Daniela casi susurra, incrédula. — ¡Le diste permiso a ese hombre para hacer lo que quiera con nuestra hija!
— Él es su novio ahora — rebate José con firmeza. — Y no hables como si Marina fuera una niña. ¿De verdad crees que ella, con esa personalidad fuerte, va a dejar que alguie