Después del café, Marina siente el peso del cansancio acumulado y opta por no participar en todas las actividades planeadas. En lugar de eso, decide observar a los demás, relajándose mientras disfruta de la vista del lago cristalino. Entre bromas y risas de los compañeros de Sávio, nota que Fernanda, la mujer que le lanzaba miradas extrañas en el autobús, se acerca a él con frecuencia, riendo un poco de más y siempre buscando una excusa para tocarlo casualmente. Marina decide no comentar nada e