Cuando ambas amigas regresan al ático, la noche ya había caído, cubriendo la ciudad con un manto de luces centelleantes que entraban por las ventanas del lujoso apartamento.
— Voy a pedir una pizza, ¿qué te parece? — pregunta Andressa, entrando en el ambiente sofisticado con una sonrisa casual.
— ¡Me parece genial! — responde Marina, dejando las bolsas de compras en el sofá y observando el espacio a su alrededor con una mirada de fascinación. Cada rincón de aquel apartamento parecía sacado de u