Ava seguía en la habitación, inmóvil, con la luz pálida de la mañana bordeando las cortinas.
El mensaje de la clínica ardía en su retina. Sentía el corazón golpeándole el pecho y la respiración desigual, como si le faltara aire.
—Tengo que decírselo a Ethan —murmuró.
El impulso se quebró de inmediato: en su mente apareció Sophie, furiosa, con los ojos encendidos y la voz cortante. La imaginó gritándole, exigiendo explicaciones, rompiendo el contrato sin mirar atrás.
Un escalofrío la atravesó