Ava sentía que el mundo se tambaleaba a su alrededor. El arma seguía apuntando a Ethan y Harold no parecía dispuesto a bajarla.
Su mente estaba dividida en tres direcciones: el miedo de que algo le pasara a ella o a su hijo, la preocupación de que Ethan hiciera alguna locura, y la decepción amarga que le dejaba su hermano.
—¡Steven! —le espetó con furia contenida—. ¡Me prometiste que ibas… a dejar a esta gente!
Steven no contestó de inmediato. Rasguñó su nuca, mirando de reojo a Harold como si