Manuel agarra el brazo de su hijo para detener la marcha.
— ¿Qué te pasa? —preguntó Manuel, preocupado por su hijo. Lo vio marcar varias veces en el teléfono y no salió la llamada que tanto deseaba, y al parecer esto lo molestaba.
—Es que estoy detrás de un negocio y no sale la llamada— dijo molesto, mirando por la ventana.
El padre e hijo llegaron a la mansión porque ahí fue donde Gabriel dejó el auto. Fueron directo a la oficina y el viejo se sentó cansado en su silla detrás del escritorio.