El campo de batalla aún huele a sangre y humo. La manada de Stormwood se mueve entre los cuerpos de los enemigos caídos, asegurándose de que la victoria sea definitiva. Aunque la pelea ha terminado, Lía no puede ignorar la sensación de inquietud que la invade. Algo en el aire no se siente del todo bien.
Einar y Caleb dan órdenes a sus guerreros para reforzar las fronteras. La seguridad del territorio es la prioridad, pero Lía tiene la mirada fija en un prisionero que han capturado: un hombre de