El sol apenas comienza a teñir el cielo con tonos dorados cuando Caleb se detiene en el límite de Stormwood, con su mochila de cuero colgada al hombro. El aire fresco de la mañana envuelve el bosque, y la brisa suave acaricia las hojas, como si la naturaleza misma se despidiera de él.
Lía lo observa desde la distancia, con el corazón encogido. Sabía que este momento llegaría, pero eso no lo hace más fácil. Caleb siempre había sido su roca silenciosa, el amigo que estuvo a su lado incluso cuando