La luna brilla tenue sobre el bosque mientras Caleb y su equipo avanzan en silencio. El aire es frío y húmedo, impregnado con el aroma de la tierra y el follaje. Cada paso está cuidadosamente calculado, cada movimiento es una coreografía de sigilo y precisión. Están en territorio enemigo, y un solo error podría costarles la vida.
—Nos acercamos al límite del campamento —susurra Viktor, uno de los rastreadores más experimentados de Stormwood.
Caleb asiente y alza una mano, ordenando al grupo