Naomi.
—Lamento tu pérdida, Naomi —La señora Luisa me abrazó y se alejó.
Ni el maquillaje que me prestó Malena podía borrar la terrible expresión en mi rostro. Mis ojos, probablemente vacíos y sin color, asustaban a todos los presentes en el entierro.
Su ataúd fue enterrado bajo tierra, y todos estábamos vestidos de negro, ¿quién diría que perdería lo más importante en mi vida de una forma tan inesperada y cruel?
—Naomi… —Malena también estaba lamentable. Ojos hinchados y rojos. Puso la ma