Naomi.
Ya le habían puesto la quimio a mi madre, y al día siguiente, yo no dejaba de vomitar. Tuve que faltar a mis dos trabajos y avisar que me había enfermado.
Ojalá que no me despidan…
—¿Cómo estás? —Mamá entró a mi habitación, con dificultad.
Yo debía cuidarla a ella, se esforzó en preparar una sopa de pollo, tenía la bandeja en la mano. Su piel estaba muy pálida, tan blanca como la nieve, y yo sentí náuseas al ver la comida.
—E-es extraño, nunca me había pasado esto. También me duele