Naomi.
Me desperté por la alarma, ya eran las ocho y revisé mi celular. Tenía un mensaje de Silas pidiéndome que viera por la ventana.
—Loco —bufé.
Aun así, le hice caso. Estiré mis extremidades porque mi cuerpo todavía seguía cansado y entumecido. Caminé a pasos lentos hasta que llegué a la ventana, aparté las cortinas.
Parpadeé con sorpresa.
El muy idiota estaba en el patio, justo en ese lugar al que siempre veía vacío y con falta de color. Me saludó con una sonrisa de dientes asomados,