Silas.
Estaba en mi oficina debatiendo con mi mente en las posibilidades de encontrar la ubicación exacta de Gauss y su manada.
Fui interrumpido por mi madre, entró casi tumbando la puerta. Desde que murió papá, ella cambió por completo. Ya no sonreía y me echaba la culpa de todo por haber traído a Naomi.
Las ojeras se le marcaban, y me miró con una expresión aterradora.
—¿Qué pasa? —pregunté, dejando el lápiz de lado.
Ella se sentó frente a mí, con una postura firme. Tardó en responder,