Naomi.
Quedé paralizada al ver cómo ese pelaje blanco pasó por mi lado en dirección a Axel. Él se estaba sobando el culo y la espalda, el golpe fue duro.
—¡¿Q-qué demonios, jefe?! —exclamó, entre tartamudeos—. ¡No pretendía hacerle daño! ¡Ni siquiera sabía que era tu luna!
Sacudió ambas manos, desesperado por calmar la situación. Silas no le hizo caso, soltó un gruñido brusco que provocó una expresión de miedo en el pelinegro.
Se lanzó sobre él.
Axel gritó como una niña, cagado y con lágri