Naomi.
Estábamos en el comedor solo nosotros dos. Sus padres siempre desayunaban más temprano para no tener que vernos las caras, y Silvana solía hacerlo en la cocina o en su oficina.
Le había contado todo mi sueño a Silas con lujo de detalles.
—¿Dices que fui el único que decidió defender a su humana? —inquirió, un poco confundido por su expresión arrugada.
Tenía ambas manos entrelazadas sobre la mesa.
Yo asentí.
—¿Me defiendes por encima de tus padres solo por nuestro vínculo? —cuestion