Mundo ficciónIniciar sesiónHenry Koeman es un exitoso CEO, dueño de una cadena de hoteles, cuyo único deseo era casarse con su prometida y formar una familia a su lado. Sin embargo, ese sueño se frustra cuando ella lo abandona en medio de los preparativos de la boda. Eso lo destroza y deja de anhelar un matrimonio feliz. Después de ahí se sumerge en el trabajo olvidándose por completo de su vida. Luego de un mes de lo sucedido, surge algo fuera de la ciudad y viaja por negocios, se queda hospedado en uno de sus hoteles y ahí conoce a Leila, una joven que actualmente está pasando por un mal momento. Lo único que ella quiere es desahogarse, así que establece una conversación con Henry, sin importarle que sea un desconocido y sin darse cuenta de que él está pasando por algo similar, la diferencia es que Henry ha aprendido a ocultar la pena que lo sigue afligiendo. Llega un momento donde ambos se sienten cómodos el uno con el otro y deciden alargar esa noche hablando y bromeando de cosas sin sentido, cuando se despiden piensan que nunca se volverán a ver. No obstante, sus caminos se vuelven a cruzar, esta vez en un sitio que menos esperó él encontrarla y en una situación complicada. ¿Qué hará Henry en cuanto la vea de nuevo?
Leer másAcordo sobressaltada, um barulho alto e ensurdecedor faz meu coração disparar, porque sei do que se trata. Um tiro. Olho para o relógio na mesa de cabeceira antiga ao lado da minha cama, são três da manhã, e a súbita urgência em sair dali me deixa aflita. No escuro, ouço vozes se alterando, e mesmo sabendo ser impossível ouvir aquela distância, tento acompanhar a movimentação dentro. Eu preciso sair daqui, ou, pelo menos, me esconder.
Quando abro a porta, vejo a Irmã Angela se aproximando, ela coloca o dedo em riste sobre os lábios e aponta para o roupão, simples porém confortável sobre o baú aos pés da minha cama. Em seguida, com urgência faz sinal para que eu a siga. Eu rezava todas as noites para que eles não me encontrassem, para que me esquecessem, mas a verdade é que em nosso mundo, praticamente tudo se passa de um para outro. O dinheiro, as propriedades, os problemas, o ódio, as promessas quebradas. E eu sou um fruto de uma promessa quebrada.
Quando deixei Nova York, dois anos atrás, sob a promessa que não seria eu a pagar pelo suposto erro de minha mãe, eu sabia, desde o primeiro desvio do motorista, até o embarque em um jato particular, que os Villani não a deixariam em paz. Sabia que eles me achariam, onde quer que eu estivesse, e mesmo aqui, dentro do Convento de Santa Lucia, em um vilarejo a cento e vinte quilômetros de Roma, eu certamente nunca estive segura.
Passo pelos corredores familiares, como se fosse a primeira vez, quase tropeçando em meus pés, estou tremendo de nervosismo e medo, era como se as vozes que se distanciavam a medida que eu descia escadas e me afastava em direção aos fundos da construção antiga, estivessem gravadas em meus pensamentos. O que eles diziam a Madre? Estavam ameaçando, era fato, e lágrimas correm pelo meu rosto enquanto apressamos o passo em direção a uma das celas, onde as noviças costumavam ficar em jejum, durante dias. Irmã Angela abriu um armário, e afastou pelo menos uma dezena de vestes religiosas, e em seguida deslizou a mão por baixo da prateleira mais alta, revelando um fundo falso, e então ela quebrou o silêncio.
– Giulia, entre – ela aponta o fundo escuro onde caberia uma pessoa confortavelmente, se era que poderia achar aquilo confortável – uma de nós virá buscá-la quando eles se forem.
Quase a retruquei falando que os Villani poderiam não deixá-las vivas para que alguém viesse, mas algo no tom de voz da irmã me disse que ela já sabia disso. Enquanto ela me explica sobre como abrir as travas por dentro, me aproximo e a abraço, e ela me abraça de volta, ambas sabemos que pode ser a última vez que vamos nos ver. Os Villani me procuravam, a muito tempo, mas isso não quer dizer que iriam me manter viva.
– Criança, temos pouco tempo, por favor entre, fique em silêncio não importa o que estiver acontecendo aqui fora – ela me entrega uma medalha do Arcanjo Miguel, e me deixa sem palavras, pois ela sempre a usava – reze, tenha fé, que eles não a encontrarão.
– Irmã, por favor, fique comigo – pedi pensando ouvir todo tipo de som se aproximando, quando na verdade era apenas o medo de ser pega gritando dentro de mim.
– Nós prometemos à Donatella – ela fala enquanto me guia gentilmente para o esconderijo – que a manteríamos em segurança. Aqui foi o último refúgio da sua mãe, e enquanto estiver nesse convento, estaremos entre você e os Villani.
O fundo se fecha a minha frente, e logo depois eu a ouço fechar as portas do armário, e então sou apenas eu, o silêncio que veio após os passos da Irmã Angela se afastarem, e a mais completa escuridão.
LEILAMarlon se vuelve hacia el equipo que lo rodea y les hace señas para que se acerquen.—Hoy vamos a comenzar con algunas tomas sencillas para que Leila se familiarice con el proceso. Es importante que se sienta cómoda y confiada, así que vamos a tomarnos nuestro tiempo para asegurarnos de que todo salga bien.Los asistentes asienten y comienzan a preparar la primera toma. Mientras tanto, Audrey me guía hacia un pequeño vestidor donde un par de estilistas ya están esperando, Nelly se despidió minutos atrás y volvió a su trabajo.Ahora quedo con el equipo de vestuario y maquillaje, me piden que me ponga una túnica suave mientras preparan el maquillaje y peinado. Me siento en la silla, mi mente sigue intentando comprender todo lo que está pasando, pero los nervios ya han desaparecido.Una vez lista, Audrey me acompaña de vuelta al set de fotos, donde Marlon ya está listo para comenzar. Me muestran dónde debo pararme y me explican algunas poses básicas. A pesar de que ahora me sienta
LEILAMi corazón late con fuerza mientras salimos de la oficina de Audrey. Nelly está a mi lado, sonriendo como si ella misma acabara de recibir la noticia. Me siento mareada, abrumada por la posibilidad que acaban de poner en mis manos. Modelo de una empresa reconocida. Ni en mis sueños más locos pensé que algo así pudiera pasarme, y mucho menos en este momento de mi vida.—Leila, te dije que hoy sería un buen día —dice Nelly, dándome un leve empujón con su codo—. Ahora solo falta que lo creas tú también.Intento procesar todo lo que acaba de pasar, pero mi mente se queda estancada en un solo pensamiento: ¿cómo voy a ser modelo estando embarazada? No es que me arrepienta de mi bebé, pero esta oportunidad parece tan irreal que casi temo despertarme y descubrir que todo fue solo un sueño.—No sé, Nelly… ¿Crees que soy la persona adecuada para esto? —pregunto, insegura, mientras salimos del edificio.Nelly me mira como si acabara de decir la cosa más tonta del mundo.—¡Por supuesto que
LEILAMe despierto sin ganas de enfrentar otro día, la tristeza y la frustración pesan sobre mí. Mi barriga crece cada día más y las oportunidades de empleo se esfuman en la misma proporción. ¿Quién querría contratar a una mujer en mi condición? Con un suspiro, me esfuerzo por salir de la cama, pero el desaliento me mantiene anclada. De repente, unos golpecitos en la puerta rompen mi letargo.—¡Leila! —la voz de Nelly, mi prima, resuena con más energía de la que siempre tiene —. ¡Levántate! Necesitas darte una ducha. Tengo una buena noticia para ti.Con un suspiro pesado, me obligo a ponerme de pie y arrastro mis pies hasta el baño. El agua caliente cae sobre mí como una cascada, llevándose consigo algo de mi cansancio. Me quedo allí bajo el chorro, intentando encontrar algo de esperanza en medio del vapor. El agua golpea mi piel y, por un momento, cerro los ojos, dejando que el sonido del agua silencie mis pensamientos.Finalmente, salgo del baño y me dirijo a la cocina. Nelly está a
HENRYCuando vengo de visita a Manhattan, suelo verme con Daniel en uno de los restaurantes de mis hoteles. Como le dije que estaba en la ciudad, se molestó un poco porque no le avisé con antelación, aun así, aceptó mi invitación a cenar. Ahora estoy esperándolo en el bar del restaurante, nuestro lugar habitual. No será una cena, serán unos tragos y una charla tranquila para ponernos al día.—Hasta que te dejas ver, mal amigo —saluda Daniel al llegar.—También me da gusto verte —le respondo, y nos saludamos de mano y abrazo como siempre que nos vemos.—Finalmente podré tener un respiro para mí —suspira Daniel mientras se deja caer en la silla alta junto a la mía.—¿Qué pasa? ¿Mucho trabajo? —inquiero.—Algo así, también están los preparativos de la boda. Apenas he tenido tiempo para llegar a casa y dormir, bueno, aunque algunas veces no se consigue mucho la segunda opción. Ya sabes, con Audrey teniéndola en mi apartamento, es imposible que duerma mis horas —guiña un ojo después de son





Último capítulo