LEILA
Me despierto sin ganas de enfrentar otro día, la tristeza y la frustración pesan sobre mí. Mi barriga crece cada día más y las oportunidades de empleo se esfuman en la misma proporción. ¿Quién querría contratar a una mujer en mi condición? Con un suspiro, me esfuerzo por salir de la cama, pero el desaliento me mantiene anclada. De repente, unos golpecitos en la puerta rompen mi letargo.
—¡Leila! —la voz de Nelly, mi prima, resuena con más energía de la que siempre tiene —. ¡Levántate! Nec