HENRY
Cuando vengo de visita a Manhattan, suelo verme con Daniel en uno de los restaurantes de mis hoteles. Como le dije que estaba en la ciudad, se molestó un poco porque no le avisé con antelación, aun así, aceptó mi invitación a cenar. Ahora estoy esperándolo en el bar del restaurante, nuestro lugar habitual. No será una cena, serán unos tragos y una charla tranquila para ponernos al día.
—Hasta que te dejas ver, mal amigo —saluda Daniel al llegar.
—También me da gusto verte —le respondo, y