Los días en la casa se habían convertido en un campo minado.
Cada paso, cada roce, cada mirada entre Vanessa y Alexandro estaba cargada de una electricidad peligrosa, una tensión latente que los envolvía sin tregua. Era un juego silencioso, una guerra sin palabras en la que ambos parecían estar midiendo fuerzas, empujando los límites del otro sin siquiera tocarse… demasiado.
Vanessa intentaba ignorarlo, fingir que no le afectaba. Pero era imposible.
Él estaba en todas partes.
Por las mañanas, c