Las risas llenaban cada rincón del hogar, y aunque las noches sin dormir les pasaban factura, nadie se quejaba. Bueno, quizá Alex, cuando la bebé jalaba su cabello con fuerza a las tres de la mañana y Vanessa solo se reía desde la cama. Nico, el verdadero guardián de la casa, no se despegaba de la cuna ni un segundo.
—Estoy empezando a sospechar que Nico la quiere más que a nosotros —murmuró Alex una noche, mientras el perro movía la cola al escuchar a la bebé llorar.
—Obvio —contestó Vanessa,