La música vibraba en el aire, un latido constante que recorría el suelo y se filtraba en la piel. Las luces de colores destellaban sobre la pista de baile, reflejándose en los rostros de los cuerpos en movimiento. El aroma a perfume caro y licor impregnaba el ambiente, envolviendo la noche en una sensación embriagadora de peligro y libertad.
Vanessa se sentía viva.
Después de tantas noches atrapada en la casa, enredada en un juego silencioso con Alexandro, después de tantas miradas que la quema