El jardín de la casa Montenegro estaba lleno de vida. Globos de colores flotaban en el aire, mesas decoradas con guirnaldas y un enorme pastel rosa con detalles dorados ocupaban el centro de la celebración. La pequeña Mia, con sus dos años recién cumplidos, corría entre los invitados con su vestido blanco y una tiara de flores en el cabello, riendo mientras Nico la perseguía, moviendo la cola emocionado.
—¡No me atrapas, Nico! —gritó entre risas la niña, corriendo hacia su primo Mathias, el hij