Naomi se despertó sobresaltada. Su habitación estaba a oscuras y no estaba segura de qué hora era. Se incorporó y estiró la mano hasta la lámpara sobre la mesa de noche para encenderla.
No sabía exactamente qué la había despertado. Quizá un sueño. Aunque, si era así, ya no recordaba nada de él.
Se llevó una mano al vientre y lo acarició suavemente, como si necesitara aquel contacto para tranquilizar el latido acelerado de su corazón.
A sus casi seis meses de embarazo, su hija ya se hacía notar