Maya sonrió ante el parloteo emocionado de su hijo mientras se dirigían hacia su coche. Apenas entendía lo que decía, pero aun así asentía y le hacía preguntas.
A pocos pasos de ellos caminaba su guardaespaldas. Incluso ahora que el asunto de Byron parecía resuelto, Thiago había insistido en que la mantuviera. No lo había dicho en voz alta, pero Maya sabía que él aún temía que Byron intentara algo. Por eso había aceptado sin discutir; no quería darle un motivo más de preocupación.
—¡Tago! —grit